
La princesa margarita fotografiada por Lord Snowdown.
Luce la diadema Poltimore, creada por Garrard en 1.870
Esta diadema fue subastada en el año 2.006 por 1.704.576 $
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Detalle de la diadema Poltimore
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Diadema Poltimore
En
sus memorias, la duquesa de Alba revela que tuvo que vender la diadema
conocida como"La Rusa" heredada de su abuela materna, para comprar a su
hijo un caballo con el que competir.
Doña
Cayetana asegura, que esta diadema fue motivo de disgusto antes del
enlace de su hijo Alfonso con Maria Hohenlohe, ya que ésta se negaba a
lucirla el día de su boda.
Finalmente,
convenció a la novia para que la diadema de la discordia coronara su
cabeza en tan señalado día, cosa que María aceptó a regañadientes, según
refiere la duquesa.
En uno de los capítulos Doña Cayetana expresa: "El
incidente de la diadema, marcó ya un inicio desagradable con Maria, mi
primera nuera. Tras la boda, Maria y yo intentamos llevarnos bien, pero
fue imposible".
Más
tarde, la diadema salió de su antiguo estuche para adornar otra boda de
los Alba, fue con ocasión del enlace de su hijo Carlos con Matilde
Solís.
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La duquesa de Alba con "La Rusa"
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No
puedo estar más de acuerdo con su primera nuera; por mucho cariño que
le tuviera Doña Cayetana a tan histórica joya, por mucho significado
familiar que pesara sobre la diadema... la realidad es que la diadema no
es bonita, o a mi, no me lo parece.
Matilde
Solís en cambio aceptó lucirla, no sé si por resignación o
complacencia, pero viendo las fotos de su boda, pienso que cambiar la
diadema por un caballo de carreras ha sido todo un acierto, aunque solo
sea por evitar que una próxima novia Alba esté en la tesitura de
llevarla.
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Matilde Solís en su boda luciendo "La Rusa"
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No
todas las diademas favorecen a sus portadoras, bien por fisonomía, por
el tipo de peinado, o por los complementos con los que se combina.
La
diadema debe estar en armonía con la personalidad de la novia, también
con el estilo del vestido, y sobre todo ser adecuada para el tipo de
acto en que va a ser lucida.
Muchas
diademas antiguas son maravillosas, son joyas que hoy siguen vigentes
por su belleza, otras en cambio, no han sufrido tan bien el paso del
tiempo, éstas últimas pueden ser transformadas en otras más bellas, o
ser vendidas para comprar un magnífico caballo....
Qué os parece si analizamos algunas diademas?...
La diadema Prusiana
De
estilo imperio y realizada por el joyero Koch en platino y diamantes,
en su centro lleva un diamante talla lágrima, las columnas son una
alusión al Partenón, y están enmarcadas por hojas de laurel.
Perteneció
originalmente a la princesa Victoria Luisa de Prusia, abuela de Doña
Sofía, quien la recibió en 1.913 de su padre el Káiser Guillermo II con
motivo de su matrimonio, de ella pasó a su única hija la princesa
Federica, y después según la tradición la recibió su hija Sofía.
La
reina Sofía la ha llevado en momentos destacados de su vida, en su
puesta de largo, el día de su compromiso, y en su boda. Las Infantas la
han lucido en varias ocasiones, y la princesa Letizia la eligió para el
día de su matrimonio con el príncipe Felipe.
Sus proporciones son equilibradas, y la convierten en una pieza versátil y fácil de llevar.
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Victoria Luisa de Prusia, princesa Federica, reina Sofía, y princesa Letizia
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Diadema yedra de Rania de Jordania
La
aparición de Rania de Jordania con esta diadema provocó algunas
críticas, según se dijo, por la débil luz que irradia la pieza. A mi, me
encanta!!!! Me parece fresca, joven, y original!
Está realizada en esmeraldas, y es una creación de la casa Boucheron.
Las diademas también se pueden reinventar!!!!












¿Estamos
irremediablemente ligados a estos nuevos símbolos? Existe cierta
controversia; hasta hace pocos años las marcas que tenían como bandera
el estilo y la elegancia eran contrarias a un logo muy presente o
evidente, pero parece que actualmente hay otra tendencia, y cada vez son
más los diseñadores que basan sus colecciones precisamente en el logo, e
intentan crear una pieza emblemática anteponiendo el icono de la marca a
la belleza de la pieza.
Las joyas más exquisitas, las que están realizadas con maestría, las verdaderamente exclusivas, jamás exhiben un logo evidente.
















































